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Y en el comienzo fueron los numeros

Ahora ya tiene cuatro años y me cuesta un poco recordar cómo empezó todo.

Recuerdo perfectamente que queríamos poner un suelo seguro para el niño que ya se movía torpemente por la casa. No quería casi gatear – o no le gustaba – y la alfombra redonda y gordita que había pegada a la cama nos parecía insuficiente para amortiguar una posible caida.En el dormitorio y en el salón había dos grandes espacios vacíos que, con el suelo de baldosas, nos tenían siempre preocupados. Elsuelo era frío y extremadamente duro para el peque y su necesidad de libertad, movimiento y exploración.

Entoces ví las letras de goma eva en una tienda de chinos. Ya las había visto antes en los blogs y videos de You Tube pero no sabía donde comprarlas y daba por hecho que su precio sería intocable. La tienda de chinos me hizo feliz. Compré un paquete de números y otro de letras por que no tenían patos, barcos o pelotas dibujadas. No tenía la intención de enseñarle ya el abecedario ni los números. Mi primer objetivo era cubrir los suelos, darle seguridad y una temperatura aceptable. Así que no le dí demasiada importancia al contenido informativo del dibujo. Estaba contenta por que podría tener algo que amortiguara las caidas en el salón y en el dormitorio sin arruinarme.

A él también le encantó, pero le gustaron en especial los números.

Al principio sólo era un suelo nuevo, extrañamente blando y lleno de colores. Poco a poco empezó a sentir interés por los números y letras que había en el suelo y que también veía en otros lugares repetidos. Finalmente se convirtió en un juego. Preguntaba qué letra o “pitilo” (número) era o saltaba sobre uno de ellos. Por último yo misma fomentaba que fuera aprendiendo cada uno al pedirle de vez en cuando que se pusiera sobre el “5″ o la “F” cuando le iba a cambiar o antes de hacerle cosquillas. También me ayudaba de vez en cuando quitándolos, lavándolos y poniéndolos.

Cuando su interéspor manipularlos aumentó tuvimos que comprar algunos más para que pudiera hacer cubos gigantes en la cama y meterse dentro. Montar torres, cubos y puentes fue un nuevo juego.

Despúes pasamos a comprar las planchas pequeñitas, deltamaño de una mano, con las que hacíamos cubos y el peque construía gigantescas torres con ellos. La otra modalidad del juego consistía en que nosotros hacíamos cubos a toda velocidad y él los destruía mucho más deprisa. Una locura.

Todos aquellos juegos con letras y números a su alrededor y en construcciones tridimensionales resultaron increiblemente estimulantes por que en poco tiempo se había aprendido el abecedario y los números del 1 al 20 sin tenerlo como un objetivo de aprendizaje.

Francamente, yo creía que sería Elmo quien le enseñaría el ABC.

A partir de ahí los números empezaron a tener una especial prioridad en sus intereses y le fueron gustando cada vez más. Lo mejor de todo es que había números en todas partes: En los portales de las calles, en las matriculas de los coches, en los tickets de los productos de las tiendas, en los estancos de la ONCE, en los anuncios de la tele, en TODAS PARTES.

Fue un año y medio descubriendo números a nuestro alrededor. Y fue fantástico. A veces nos planteamos si se estaría obsesionando pero tiempo después descubrimos que se iriía “obsesionando” con cada nuevo maravilloso descubrimiento que le motivara con la misma intensidad.

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los paseos de los números

Para aprender los números pocas cosas son tan estimulantes como los paseos más o menos diarios por la ciudad. Las calles conocidas están llenas de números que se pueden ir diciendo en voz alta, descubriendo y/o compartiendo. Hay números en los portales, en las tiendas, en las matriculas de los coches, en los autobuses, en las camisetas de la gente ….

Lo realmente importante es que el peque tenga interés y curiosidad, que pregunte, que los busque y que disfrute. Y tú con él.

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