La crianza de los hijos deberÃa ser algo natural y sencillo. Natural por que los sentimientos de amor, protección y cuidados que despiertan en nosotros nuestros hijos, esos sentimientos y sólo ellos, sin artificios ni interferencias, nos pueden guiar de forma intuitiva y eficaz. DeberÃa ser asà gracias a esa conexión que se establece entre padres e hijos y que es tan compleja y elaborada como fascinante y eficaz. También deberÃa ser sencillo … bueno, sencillo teniendo en cuenta su increible complejidad y todas esas exigencias, entregas y disfrutes que conlleva.
DeberÃa ser algo que se hereda por que aprendemos a ser padres de nuestros padres y, en muchas ocasiones, decidimos lo que queremos hacer y lo que no queremos en base a nuestra experiencia personal como hijos.
Por último deberÃa ser algo que se aprende, se adapta, evoluciona, se modifica con la experiencia y se vuelve a aprender con todo lo que nuestros hijos nos enseñan. Cada uno de nosotros tiene una idea de lo que quiere para sus hijos y de cómo quiere ser como padre o madre. Esta idea suele estar acorde con nuestra forma de ser y de pensar y se adhiere, adapta o cambia para fusionarse (o no) a la de nuestra pareja. Todo esto requiere un proceso de aprendizaje complejo, serio y flexible por que deberá evolucionar sobre la marcha, cuando ejerzamos de padres y vivamos el dÃa a dÃa.
Además aprendemos más todavÃa de forma consciente e intencional por que también buscamos referencias, información y datos sobre cómo ser padres y como trasmitir y hacer realidad lo que queremos para nuestros hijos. También ampliamos nuestra perspectiva, intercambiamos experiencias con otros padres y miramos a nuestro alrededor unas veces de forma crÃtica y otras receptiva.
En todo este aprendizaje tenemos que discriminar las fuentes informativas, su filosofÃa, intereses y objetivos. Tenemos que saber si están acorde con nuestro pensamiento o si, aunque no lo estén, sus datos son fiables. Hay que tener en cuenta los tiempos en los que vivimos, los avances y las posturas todavÃa anquilosadas, la economÃa, la polÃtica, la historia y hasta la cultura y el pais. Todo influye en la información y conviene considerarlo aunque no siempre podamos, queramos o necesitemos profundizar en ello.
Ahora que tenemos acceso a internet, web, blogs, artÃculos, libros, manuales, televisión, radio, asociaciones, talleres y cursos, escuelas de padres, grupos de apoyo, ………. Ya no dependemos de las personas de nuestro entorno directo, la familia, los amigos o los compañeros del trabajo. Nuestro entorno no conoce fronteras fÃsicas. Sólo nos limita el tiempo y nuestra capacidad para gestionar tanta información y contenidos. Por que ese es el problema ahora: Toda una impresionante intoxicación de contenidos e información que con frecuencia puede agobiar más que ayudar. Discriminar lo que nos interesa, gestionarlo todo y no dejarse desbordar también es parte del proceso de la crianza y educación de los hijos.
Todo eso es lo que es y es cómo deberÃa ser: Un amplio espectro de posibilidades para elegir, de personas que conocer, de intercambios y acciones a desarrollar. Lo bueno es que ya no estamos encerrad@s entre cuatro paredes con un bebe llorando. Ahora somos activ@s, sabemos que som@s más.





