Se dice que los niños necesitan ir al colegio para sociabilizarse. Aplicando una extraña regla lógica de generalización inversa que alguien debó inventar alguna vez pero que tiene una increÃble aceptación, para mucha gente la consecuencia directa es que los niños que no van al colegio no se sociabilizan, no saben relacionarse con otros nños de su edad y arrastran serias secuelas en su edad adulta. Otra consecuencia directa es que los niños que no van a la guarderÃa y/o a la escuela infantil tienen menos habilidades sociales que los que van desde edades tempranas. Estos comentarios los he oÃdo y leÃdo con frecuencia a profesonales y particulares, a padres, madres, abuelos y a los que no tienen hijos, no los crÃan, ni los cuidan, ni los educan. Pero lo más mportante es que ese argumento es uno de los principales argumentos en contra de la escolarización en casa o homeschooling.
Bueno, la verdad es que si asistir a la guarderÃa, la escuela infantil y/o a preescolar fuera un factor determinante e imprescindible para la sociabilización de los niños, Iván serÃa un candidato perfecto para saberlo.
Iván tiene cuatro años y medio, no ha ido a ninguna guarderÃa, no ha ido a ninguna escuela infantil y no ha hecho preescolar. Hasta ahora no a ido a talleres, cursos o clases para niños de ningún tipo. Da la coincidencia de que no tiene hermanos, primos o familiares de su edad y que yo no tengo una vida social intensa asà que su trato con otros niños se ha limitado a los encuentros de juego en los parques.
Por lo general solÃamos ir de compras, dar un paseo y también ir al parque con el cubo, la pala y el resto de los juguetes para la ocasión. Hasta que cumplió los dos años y medio aproximadamente siempre que habÃa ido al parque habÃa jugado con otros niños compartiendo el arenal como suelen hacer los peques, es decir, mirándose de reojo y siguendo las pautas de cortesÃa, “compartiendo” juguetes y respetando turnos. Es curioso pero a los niños pequeños de 2 a 3 años se les suele dar constantes indicaciones de modales mientras juegan en el parque, los columpios o el arenal. Yo también lo hacÃa y todo era absolutamente normal hasta que llegó el incidente.
El incidente
Creo que cuando llegó el incidente Iván tenÃa de dos y medio, como mucho tres años. Ocurrió en varios dÃas aunque yo hablo de un sólo incidente por que para mà son piezas de la misma experiencia. Como un puzzle que al completarse, se comprende y adquiere todo el sentido.
La primera pieza fue el detonante. HabÃamos quedado con unas mamas compañeras del Foro de Crianza Natural en El Retiro. Jugábamos, cada mama con su peque, en la zona del parque infantil, columpios, tobogan, etc. De repente, cuando Iván estaba subido en la construcción estilo castillo con tobogan se nos escapó la pelota azul que le habÃamos regalado el dÃa anterior. Una niña de otro grupo corrió en la misma dirección que la pelota y, aunque no iba a cogerla, Iván creyó que se la iba a quitar. Al estar en lo alto de la construcción, tobogán por un lado y escaleras por otro, no se atrevió a bajar corriendo a cogerla y de repente sintió un angustioso estres. Supongo que todo influyó un poco a aumentar ese estrés: La máquina cortacesped del Ayuntamiento sonaba sin cesar no muy lejos, otros niños jugaban y gritaban alrededor, la altura de la construcción en la que estaba era una novedad para él y la niña habÃa echado a correr y la pelota azul no se veÃa.
Todo lo que podrÃa considerarse una tonterÃa, a él le desbordó en aquel momento. Pero los niños, sus preocupaciones y angustÃas merecen tanto respeto como nosotros y nuestras cosas de adultos. Le hablé para que se calmara y, cogido de la mano, le ayudé a bajar. Fuimos donde se habÃa quedado la pelota, oculta por el cesped y ya está. ParecÃa que todo se habÃa resuelto. Por supuesto hubo que guardarla en la bolsa.
La segunda pieza del puzzle ocurrió justo después. Para descansar, comer algo y charlar, todas las mamas nos sentamos en el cesped en cÃrculo, sobre las colchas que habÃan traÃdo las compañeras, con los bebes delante y sus juguetes en el centro. Los bebes gateaban y cogÃan los juguetes. Iván seleccionó algunos de esos juguetes y los colocó con orden. Estaba en una etapa que cogÃa latas, botes, juguetes y todo lo que se le ocurriera y lo iba colocando por la casa. HacÃa extensas exposiciones que primero planeaba mentalmente. Se concentraba al máximo durante todo el proceso, se divertÃa con ello y nosotros también. Era casi una obsesión. Descolocárselo era un serio problema, una auténtica angustia, asà que en casa decidimos que nadie le descolocaba nada si no era realmente necesario y antes de hacerlo habÃa que explicarle el motivo y conseguir su conformidad. Se entiende que en todo ésto habÃa unos lÃmites lógicos y de seguridad y no lo hacÃa con absolutamente todo no (por ejemplo no se cogen los cuchillos, ni los cables de la luz, el pc, etc).
Ésto de las exposiciones explica por que cuando los bebes le descolocaron varias veces seguidas su exposición terminó por derrumbarse, estresarse y llorar todo alterado.
De nada sirvió que las mamas que habÃa allà le dejaran otros juguetes, que le hablaran y animaran intentando consolarle o que cogieran a sus bebes para que Iván viera que no le iban a descolocar su exposición más. Por cierto, desde aquà os doy de nuevo las gracias por vuestra comprensión.
En fin, para Iván primero fue la pelota (que nadie le iba a quitar) y luego las exposiciones de juguetes (que además no eran suyos). En los dÃas posteriores en los que quedamos, nada mas ver a los bebes que empezaban a gatear hacia los juguetes, sólo verles le entraba una angustia de cuidado. Supongo que para él estaba claro que no le iban a respetar sus exposiciones y esa realidad le hacia sentirse abrumado, tenso y triste. Ya no querÃa seguir jugando, ya no querÃa que quedase con las mamas y por extensión ya no querÃa saber nada de bebes y niños cuando jugaba.
La conclusión, para él, fue que los niños, en general, no eran de confianza para jugar y la consecuencia fue que no querÃa jugar donde hubiera niños.
Apartir del incidente ya no querÃa ir a jugar donde hubiera niños nunca jamás.