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Educarpetas nos guia hacer lapbooking con peques

En Educarpetas nos dan los puntos clave para hacer lapbook para niños pequeños.

Creo que es muy buena la aclaración de que se puede hacer lapbooking con niños de “preescolar” y también es tranquilizador saber que la mayoría de los lapbook que vemos los hacen chavales creciditos, no de 4, 5 años, y padres con experiencia.

Te da ánimo e ideas para ponerte manos a la obra.

Un link que recomiendo:

http://educarpetas.com/index.php?option=com_content&view=article&id=57:como-hacer-lapbooking-con-ninos-pequenos&catid=18:lapbooks&Itemid=69

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Historia de una socializacion 1: Los antecedentes

Historia de una socializacionSe dice que los niños necesitan ir al colegio para sociabilizarse. Aplicando una extraña regla lógica de generalización inversa que alguien debó inventar alguna vez pero que tiene una increíble aceptación, para mucha gente la consecuencia directa es que los niños que no van al colegio no se sociabilizan, no saben relacionarse con otros nños de su edad y arrastran serias secuelas en su edad adulta. Otra consecuencia directa es que los niños que no van a la guardería y/o a la escuela infantil tienen menos habilidades sociales que los que van desde edades tempranas. Estos comentarios los he oído y leído con frecuencia a profesonales y particulares, a padres, madres, abuelos y a los que no tienen hijos, no los crían, ni los cuidan, ni los educan. Pero lo más mportante es que ese argumento es uno de los principales argumentos en contra de la escolarización en casa o homeschooling.

Bueno, la verdad es que si asistir a la guardería, la escuela infantil y/o a preescolar fuera un factor determinante e imprescindible para la sociabilización de los niños, Iván sería un candidato perfecto para saberlo.

Iván tiene cuatro años y medio, no ha ido a ninguna guardería, no ha ido a ninguna escuela infantil y no ha hecho preescolar. Hasta ahora no a ido a talleres, cursos o clases para niños de ningún tipo. Da la coincidencia de que no tiene hermanos, primos o familiares de su edad y que yo no tengo una vida social intensa así que su trato con otros niños se ha limitado a los encuentros de juego en los parques.

Por lo general solíamos ir de compras, dar un paseo y también ir al parque con el cubo, la pala y el resto de los juguetes para la ocasión. Hasta que cumplió los dos años y medio aproximadamente siempre que había ido al parque había jugado con otros niños compartiendo el arenal como suelen hacer los peques, es decir, mirándose de reojo y siguendo las pautas de cortesía, “compartiendo” juguetes y respetando turnos. Es curioso pero a los niños pequeños de 2 a 3 años se les suele dar constantes indicaciones de modales mientras juegan en el parque, los columpios o el arenal. Yo también lo hacía y todo era absolutamente normal hasta que llegó el incidente.

El incidente

Creo que cuando llegó el incidente Iván tenía de dos y medio, como mucho tres años. Ocurrió en varios días aunque yo hablo de un sólo incidente por que para mí son piezas de la misma experiencia. Como un puzzle que al completarse, se comprende y adquiere todo el sentido.

La primera pieza fue el detonante. Habíamos quedado con unas mamas compañeras del Foro de Crianza Natural en El Retiro. Jugábamos, cada mama con su peque, en la zona del parque infantil, columpios, tobogan, etc. De repente, cuando Iván estaba subido en la construcción estilo castillo con tobogan se nos escapó la pelota azul que le habíamos regalado el día anterior. Una niña de otro grupo corrió en la misma dirección que la pelota y, aunque no iba a cogerla, Iván creyó que se la iba a quitar. Al estar en lo alto de la construcción, tobogán por un lado y escaleras por otro, no se atrevió a bajar corriendo a cogerla y de repente sintió un angustioso estres. Supongo que todo influyó un poco a aumentar ese estrés: La máquina cortacesped del Ayuntamiento sonaba sin cesar no muy lejos, otros niños jugaban y gritaban alrededor, la altura de la construcción en la que estaba era una novedad para él y la niña había echado a correr y la pelota azul no se veía.

Todo lo que podría considerarse una tontería, a él le desbordó en aquel momento. Pero los niños, sus preocupaciones y angustías merecen tanto respeto como nosotros y nuestras cosas de adultos. Le hablé para que se calmara y, cogido de la mano, le ayudé a bajar. Fuimos donde se había quedado la pelota, oculta por el cesped y ya está. Parecía que todo se había resuelto. Por supuesto hubo que guardarla en la bolsa.

La segunda pieza del puzzle ocurrió justo después. Para descansar, comer algo y charlar, todas las mamas nos sentamos en el cesped en círculo, sobre las colchas que habían traído las compañeras, con los bebes delante y sus juguetes en el centro. Los bebes gateaban y cogían los juguetes. Iván seleccionó algunos de esos juguetes y los colocó con orden. Estaba en una etapa que cogía latas, botes, juguetes y todo lo que se le ocurriera y lo iba colocando por la casa. Hacía extensas exposiciones que primero planeaba mentalmente. Se concentraba al máximo durante todo el proceso, se divertía con ello y nosotros también. Era casi una obsesión.  Descolocárselo era un serio problema, una auténtica angustia, así que en casa decidimos que nadie le descolocaba nada si no era realmente necesario y antes de hacerlo había que explicarle el motivo y conseguir su conformidad. Se entiende que en todo ésto había unos límites lógicos y de seguridad y no lo hacía con absolutamente todo no (por ejemplo no se cogen los cuchillos, ni los cables de la luz, el pc, etc).

Ésto de las exposiciones explica por que cuando los bebes le descolocaron varias veces seguidas su exposición terminó por derrumbarse, estresarse y llorar todo alterado.

De nada sirvió que las mamas que había allí le dejaran otros juguetes, que le hablaran y animaran intentando consolarle o que cogieran a sus bebes para que Iván viera que no le iban a descolocar su exposición más. Por cierto, desde aquí os doy de nuevo las gracias por vuestra comprensión.

En fin, para Iván primero fue la pelota (que nadie le iba a quitar) y luego las exposiciones de juguetes (que además no eran suyos). En los días posteriores en los que quedamos, nada mas ver a los bebes que empezaban a gatear hacia los juguetes, sólo verles le entraba una angustia de cuidado. Supongo que para él estaba claro que no le iban a respetar sus exposiciones y esa realidad le hacia sentirse abrumado, tenso y triste. Ya no quería seguir jugando, ya no quería que quedase con las mamas y por extensión ya no quería saber nada de bebes y niños cuando jugaba.

La conclusión, para él, fue que los niños, en general, no eran de confianza para jugar y la consecuencia fue que no quería jugar donde hubiera niños.

Apartir del incidente ya no quería ir a jugar donde hubiera niños nunca jamás.

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Y en el comienzo fueron los numeros

Ahora ya tiene cuatro años y me cuesta un poco recordar cómo empezó todo.

Recuerdo perfectamente que queríamos poner un suelo seguro para el niño que ya se movía torpemente por la casa. No quería casi gatear – o no le gustaba – y la alfombra redonda y gordita que había pegada a la cama nos parecía insuficiente para amortiguar una posible caida.En el dormitorio y en el salón había dos grandes espacios vacíos que, con el suelo de baldosas, nos tenían siempre preocupados. Elsuelo era frío y extremadamente duro para el peque y su necesidad de libertad, movimiento y exploración.

Entoces ví las letras de goma eva en una tienda de chinos. Ya las había visto antes en los blogs y videos de You Tube pero no sabía donde comprarlas y daba por hecho que su precio sería intocable. La tienda de chinos me hizo feliz. Compré un paquete de números y otro de letras por que no tenían patos, barcos o pelotas dibujadas. No tenía la intención de enseñarle ya el abecedario ni los números. Mi primer objetivo era cubrir los suelos, darle seguridad y una temperatura aceptable. Así que no le dí demasiada importancia al contenido informativo del dibujo. Estaba contenta por que podría tener algo que amortiguara las caidas en el salón y en el dormitorio sin arruinarme.

A él también le encantó, pero le gustaron en especial los números.

Al principio sólo era un suelo nuevo, extrañamente blando y lleno de colores. Poco a poco empezó a sentir interés por los números y letras que había en el suelo y que también veía en otros lugares repetidos. Finalmente se convirtió en un juego. Preguntaba qué letra o “pitilo” (número) era o saltaba sobre uno de ellos. Por último yo misma fomentaba que fuera aprendiendo cada uno al pedirle de vez en cuando que se pusiera sobre el “5″ o la “F” cuando le iba a cambiar o antes de hacerle cosquillas. También me ayudaba de vez en cuando quitándolos, lavándolos y poniéndolos.

Cuando su interéspor manipularlos aumentó tuvimos que comprar algunos más para que pudiera hacer cubos gigantes en la cama y meterse dentro. Montar torres, cubos y puentes fue un nuevo juego.

Despúes pasamos a comprar las planchas pequeñitas, deltamaño de una mano, con las que hacíamos cubos y el peque construía gigantescas torres con ellos. La otra modalidad del juego consistía en que nosotros hacíamos cubos a toda velocidad y él los destruía mucho más deprisa. Una locura.

Todos aquellos juegos con letras y números a su alrededor y en construcciones tridimensionales resultaron increiblemente estimulantes por que en poco tiempo se había aprendido el abecedario y los números del 1 al 20 sin tenerlo como un objetivo de aprendizaje.

Francamente, yo creía que sería Elmo quien le enseñaría el ABC.

A partir de ahí los números empezaron a tener una especial prioridad en sus intereses y le fueron gustando cada vez más. Lo mejor de todo es que había números en todas partes: En los portales de las calles, en las matriculas de los coches, en los tickets de los productos de las tiendas, en los estancos de la ONCE, en los anuncios de la tele, en TODAS PARTES.

Fue un año y medio descubriendo números a nuestro alrededor. Y fue fantástico. A veces nos planteamos si se estaría obsesionando pero tiempo después descubrimos que se iriía “obsesionando” con cada nuevo maravilloso descubrimiento que le motivara con la misma intensidad.

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los paseos de los números

Para aprender los números pocas cosas son tan estimulantes como los paseos más o menos diarios por la ciudad. Las calles conocidas están llenas de números que se pueden ir diciendo en voz alta, descubriendo y/o compartiendo. Hay números en los portales, en las tiendas, en las matriculas de los coches, en los autobuses, en las camisetas de la gente ….

Lo realmente importante es que el peque tenga interés y curiosidad, que pregunte, que los busque y que disfrute. Y tú con él.

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