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24 horas sin reproches

Ejercicio de Gestión Emocional centrado en la auto-consciencia y auto-control emocional.

Objetivos

  • Aprender a relajar las exigencias que nos planteamos a nosotros mismos y a los demás
  • Reducir las dinámicas negativas que generan los reproches y este tipo de estilos comunicativos
  • Disminuir el estrés que se siente y se genera por todas  esas exigencias, objtivos, actividades y tareas que queremos abarcar

Como hacerlo

Plantéate pasar 24 horas continuadas sin realizar ningún reproche, crítica o corrección negativa. Intenta que sean 24 horas seguidas, si no puedes hacerlas seguidas vuelve a comenzar la cuenta después de cada reproche. Así hasta conseguir las 24 horas seguidas.

Haz el ejercicio sin informar a nadie de que lo estas haciendo.

Para conseguirlo tendrás que relajarte respecto a tus expectativas de los demás y de lo que puedes hacer en el día. Disminuye los objtivos, actividades y tareas que intentas abarcar en un sólo día y sobretodo relájate respecto a lo que esperas que hagan los demás.

Establece prioridades. Hay cosas que realmente son imprescindibles y otras muchas que pueden relegarse. Aprende a dejarlas para luego, para mañana o simplemente a dejarlas.

Deja que los demás hagan las cosas que no son absolutamente imprescindibles, bien, mal o a su manera.

Aplica el ejercicio: “Perfecto. Todo está bien” incluso para cosas que no te parezca que está bien y son perfectas.

Haz el ejercicio en varias fases, con tranquilidad y sentido del humor. No es una carrera. La idea es aprender algo nuevo de tí misma.

Con quien hacerlo

Empieza con una persona en concreto (tu pareja, tu madre, tu hijo, ….).  Primero observate a tí misma y descubre quien es la persona a la que más exiges en tu entorno afectivo. Suele ser a la persona en la que más te apoyas, la persona en la que tienes más expectativas y/o la persona que sueles dar por descontado que debería hacer determinadas tareas como tú crees que debería hacerlo.

Duracion

Primero consigue tus 24 horas. Luego repítelo siempre que quieras y sobretodo siempre que te estreses.

Aclaraciones

Este ejercicio no significa que te pongas a hacer todas las cosas que puedas, las tuyas y las de los demás para así evitar tener reproches. Sino todo lo contrario, se trata de reducir tareas, las tuyas y las de los demás.

Comentarios

Nunca te ha pasado que esperas que él o ella haga algo y no lo hace? No es algo puntual y pasajero: Es una cosa concreta, sencilla pero importante, que se repite con familiaridad en el desarrollo de la vida cotidiana, algo en lo que necesitas su ayuda, su atención y su eficacia.

Se lo has explicado mil veces, le has dicho cómo hacerlo  y por qué  y a pesar de ello sigue sin hacerlo. Se lo has pedido por favor, con sentido del humor, con vehemencia y también perdiendo los nervios. Se lo has dicho cada vez que no lo hacía, antes de que no lo hiciera y después. Incluso lo habeis hablado largo y tendido y le ha quedado bien claro lo importante que es hacerlo.

Puede ser con tu hijo, con tu pareja o con alguien muy cercano a quien quieres y respetas. La cuestión es que necesitas que colabore, que participe y puedas delegar esa pequeña tarea o esas doscientas pequeñas pero vitales cosas que tiene que hacer.

Es inevitable. La convivencia humana conlleva este tipo de situaciones. El problema es cuando estas situaciones se repiten una y otr vez hasta la desesperación. Y lo peor es que cuanto más importancia tiene más exasperante resulta.

Si la situación se enquista sin una forma de resolverla adecuada para todos, las expectativas de que no se cumplan pueden llegar a generar tensión, decepción, estrés, frustración e incluso rabia y angustia.

24 horas sin reproches es un ejercicio que nos puede ayudar a reconocer este tipo de situaciones y a jugar con ellas de forma diferente.

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Y en el comienzo fueron los numeros

Ahora ya tiene cuatro años y me cuesta un poco recordar cómo empezó todo.

Recuerdo perfectamente que queríamos poner un suelo seguro para el niño que ya se movía torpemente por la casa. No quería casi gatear – o no le gustaba – y la alfombra redonda y gordita que había pegada a la cama nos parecía insuficiente para amortiguar una posible caida.En el dormitorio y en el salón había dos grandes espacios vacíos que, con el suelo de baldosas, nos tenían siempre preocupados. Elsuelo era frío y extremadamente duro para el peque y su necesidad de libertad, movimiento y exploración.

Entoces ví las letras de goma eva en una tienda de chinos. Ya las había visto antes en los blogs y videos de You Tube pero no sabía donde comprarlas y daba por hecho que su precio sería intocable. La tienda de chinos me hizo feliz. Compré un paquete de números y otro de letras por que no tenían patos, barcos o pelotas dibujadas. No tenía la intención de enseñarle ya el abecedario ni los números. Mi primer objetivo era cubrir los suelos, darle seguridad y una temperatura aceptable. Así que no le dí demasiada importancia al contenido informativo del dibujo. Estaba contenta por que podría tener algo que amortiguara las caidas en el salón y en el dormitorio sin arruinarme.

A él también le encantó, pero le gustaron en especial los números.

Al principio sólo era un suelo nuevo, extrañamente blando y lleno de colores. Poco a poco empezó a sentir interés por los números y letras que había en el suelo y que también veía en otros lugares repetidos. Finalmente se convirtió en un juego. Preguntaba qué letra o “pitilo” (número) era o saltaba sobre uno de ellos. Por último yo misma fomentaba que fuera aprendiendo cada uno al pedirle de vez en cuando que se pusiera sobre el “5″ o la “F” cuando le iba a cambiar o antes de hacerle cosquillas. También me ayudaba de vez en cuando quitándolos, lavándolos y poniéndolos.

Cuando su interéspor manipularlos aumentó tuvimos que comprar algunos más para que pudiera hacer cubos gigantes en la cama y meterse dentro. Montar torres, cubos y puentes fue un nuevo juego.

Despúes pasamos a comprar las planchas pequeñitas, deltamaño de una mano, con las que hacíamos cubos y el peque construía gigantescas torres con ellos. La otra modalidad del juego consistía en que nosotros hacíamos cubos a toda velocidad y él los destruía mucho más deprisa. Una locura.

Todos aquellos juegos con letras y números a su alrededor y en construcciones tridimensionales resultaron increiblemente estimulantes por que en poco tiempo se había aprendido el abecedario y los números del 1 al 20 sin tenerlo como un objetivo de aprendizaje.

Francamente, yo creía que sería Elmo quien le enseñaría el ABC.

A partir de ahí los números empezaron a tener una especial prioridad en sus intereses y le fueron gustando cada vez más. Lo mejor de todo es que había números en todas partes: En los portales de las calles, en las matriculas de los coches, en los tickets de los productos de las tiendas, en los estancos de la ONCE, en los anuncios de la tele, en TODAS PARTES.

Fue un año y medio descubriendo números a nuestro alrededor. Y fue fantástico. A veces nos planteamos si se estaría obsesionando pero tiempo después descubrimos que se iriía “obsesionando” con cada nuevo maravilloso descubrimiento que le motivara con la misma intensidad.

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